CONECTÁNDONOS CON NUESTRAS RAÍCES

Minera Panamá y Morgan & Morgan unieron esfuerzos a través de sus colaboradores y voluntarios para dar inicio a una gran aventura donde se coló la energía, el aprendizaje, el sudor, el trabajo y el amor por nuestras raíces.

Nuestras raíces… SÍ… pero no las culturales, sino las raíces que abrigan nuestra tierra para luego bendecirnos con frutos, sombra, orgullo, belleza… con Café!

Tras salir de Ciudad de Panamá a las 4:00 de la mañana y vestirnos honrosamente como jornaleros, nos dividimos en dos grupos de trabajo para seguir al personal de Minera Panamá quienes nos acompañaron y guiaron en todo momento.

El primer grupo tuvo la oportunidad de iniciar su incursión río abajo durante 25 minutos en bote.  Para muchos la experiencia fue nueva y disfrutaron de un paisaje placentero; otros admiraban la destreza y agilidad del conductor que no les permitió en ningún momento caer al agua y para otros simplemente fue una andanza extrema.  Luego de varias peripecias para bajar del bote y escalar una pared de tierra y lodo, alcanzaron divisar la finca de Doña Cecilia donde sembrarían junto a las candelillas una falda inclinada que subía y bajaba acorde a la extensión de la vista y que los llamaba sutilmente.  Con pupilas dilatadas, suspiros y con energía desbordante se inició la faena.

En un lugar distante, el segundo equipo orientado de igual forma por personal de Minera caminó inicialmente por un potrero por 15 minutos para luego ir adentrándonos por otros 60 minutos a un área de pre bosque con muchas aventuras para recordar, charcos, juncos, lodos, vacas, guayabas, bordones de senderismo improvisados, caídas, zapatillas enterradas en el lodo, plantas de ortigas, risas y diversión, para finalmente llegar a la finca de Adán, quién nos esperaba junto a sus trabajadores para realizar la reforestación con café.

En ambas fincas, personal capacitado de Minera Panamá nos explicó la manera correcta de sacar el plantón, cómo abonar la tierra, el método preciso para sembrar y lo que deberíamos evitar para que a futuro el plantón tuviera una buena expectativa de vida.  De esta manera iniciamos nuestra labor para lograr con ello colaborar en la siembra de 1,600 plantones en aproximadamente 2.5 hectáreas.

Al terminar nuestra jornada y, tras descaminar lo andado, debimos recorrer trayectos similares para poder llegar al vivero de Minera en Coclecito.  Agotados, exhaustos, sofocados, energizados por la experiencia y bendecidos por las refrescantes aguas del río, pero sobre todo felices de haber logrado nuestro propósito.

Varios voluntarios de Fundamorgan valuaron por vez primera, el esfuerzo y el trabajo tesonero que realizan nuestros jornaleros en el campo, que cumplen sin importar, el irreverente sol, la llovizna o tenaz lluvia, las condiciones del suelo o el medio de transporte para llegar a cumplir con sus tareas diarias para que disfrutemos de un aromático café u otros frutos de la naturaleza, como en ese momento nos tocó vivir a nosotros.

Nos deleitamos conversando con los productores, asombrados por las distancias y los costos físicos y económicos que deben cubrir a pie o en bote en una ventura diaria para llegar a sus hogares o trabajos.

Absortos escuchamos los mensajes de súplica que nos envió el bosque: ¡Protéjanme! Y recordamos muchos otros motivos por los que nos encontramos allí, dejando huellas en nuestro Camino para que pequeños plantones se conviertan luego en árboles frutales que permitirán sustentar a toda una comunidad.

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